La Fé …un don…un misterio

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“El hombre está en el mundo porque alguien lo amó, Dios, el hombre está en el mundo para amar y ser amado”….Con estas palabras de San Alberto Hurtado, sacerdote católico, podemos empezar a meditar en cual pedregroso o fácil es llegar a Dios, entendiendo desde un punto de vista cristiano y de otras concepciones religiosas que el divino es un ser de amor y protección mas no un sometedor o rey autoritario. Resulta evidente las ganas explícitas y otras solapadas de querer saber de el; el decir no me interesa o lo aparto totalmente de mi vida es comprobadamente un muy bajo porcentaje de personas en el mundo; siempre existe de algún modo u otro un interés por el en general. Creer en alguien que no vemos o escuchamos es difícil o casi absurdo para algunos, pero extrañamente en millones de casos que incluso la ciencia no puede explicar hay creencia y convicción de su existencia, es esa sensación o estado de conciencia especial que a las personas les hace confiar y estar en un estado de confort y aplomo permanente sin tener en razón porqué. Un estado permanente de bienestar gratuito y de gozar nuestra existencia con muy poco. Un misterio, una gracia donada, un destello de conocimiento interior repentino?, son muchas las interrogantes que se pueden formular para intentar explicar estas bondades que repentinamente o a través de una búsqueda intencional llega.

hombre orando

Los teólogos y personas religiosas hablan de un don, un don gratis entregado por el propio Dios llamado Fé o camino para llegar a el. Otros hablan de un misterio, un amor repentino y total por lo absoluto, un gozo en el alma de las personas. Si también entendiéramos que nuestro ser es cuerpo, alma y una energía llamada espíritu, entenderíamos que Dios en si es alimento para nuestra alma y energía para nuestro espíritu, entendiéndose que todas estas condiciones o elementos de bienestar donados son posibles al provenir desde fuera de los sentidos humanos. Una fuerza invisible y benéfica que se “apodera” de nosotros y que produce tanta compañía, tanta protección, tanta seguridad, tanto bién no puede venir de otra entidad o ser llamado Dios, esa omnipotencia, esa incansable fuente de vibraciones que está ahí al alcance de todos y que no todos la toman. Efectivamente como Dios no obliga o somete, difícilmente podría obligarnos a quererle o creer en el. Solo se hace la diferencia en que es el, quién nos manda u ofrece este amor, este misterio para también querernos, protegernos y mostrarnos un camino de bondad con herramientas para convivir con el otro de mejor forma en este mundo. Entonces la invitación permanente en muchos grupos humanos es a intentar abrir los sentimientos a la posibilidad de adquirir este don, que si no te produce los beneficios que a tantos millones de seres en el mundo ha concedido no temas que tampoco te hará ningún mal.